Perversiones
Mar 6th, 2010 | By admin | Category: OpiniónJosé María Matás, columnista fijo del semanario “El Avance” y director de Canal Axarquía 24, ambos del Grupo Gestimedios, propiedad del ex periodista y ex jefe de prensa de Souviron, Francisco Millán, ha escrito en su última columna del periódico citado, un excelente artículo en el que advierte de las permanentes “perversiones” que nos ofrecen los discursos sobre la actualidad. No sin algunas matizaciones, como es normal que ocurra, suscribiría casi todas las afirmaciones de mi colega, incluidas las que se refieren al siempre espi9noso tema de la realidad cubana. Lástima grande, que Matás haya sucumbido a la tentación de agregar dentro de su listado de cosas que contienen “algo de perverso y nasueabundo”, “que los medios de comunicación terminen reducidos a meros servicios externalizados del poder político”. Lástima de su columna, digo, porque sí que tiene algo de perverso y nauseabundo afirmar eso, precisamente desde un medio gestado desde las entrañas del poder socialista, financiado casi exclusivamente con publicidad de las administraciones socialistas, y cuya función evidente en el panorama mediático comarcal (y ahora, provincial) es precisamente, la de “mero servicio externalizado del poder político” (socialista, claro). Eso sí que se llama perversión. O por lo menos, una exacerbación hasta el abusurdo del conocido dicho “denunciar la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio”. El papel aguanta todo.















Estimado Sr. Záttara:
Me dirijo a usted personalmente a pesar de no aparecer firma alguna en la opinión sobre mí vertida pero en la certidumbre de que o bien es usted mismo el responsable del escrito (en cuyo caso imagino será fruto de un desliz la ausencia de este dato) o bien como editor ha autorizado dicha publicación aun escudándose en el anonimato. Ambas opciones dejan bien a las claras la naturaleza del medio que usted dirige (al menos de la edición digital en la que me alude) y me hacen especialmente ingrata la labor de replicarle, pues no sé bien si me dirijo a un ente de ficción o de irrisión, o a un medio digno de tal nombre. Pero, ante la posibilidad de que tal concatenación de malintencionadas acusaciones queden sin respuesta, me he tomado el tiempo de hacerle algunas aclaraciones. No se apure. Procuraré no extenderme demasiado.
En primer lugar, le agradezco muy sinceramente la atención recibida al dedicarle estas líneas al artículo que un servidor publicó en el número 471 de EL AVANCE, aparecido el pasado 5 de marzo, y celebro igualmente que estemos de acuerdo en lo sustancial. De “excelente” califica usted mi artículo haciéndome un honor que no merezco aunque sea para a renglón seguida descalificarme. Cómo no convenir con usted en que una total coincidencia hubiera sido imposible, incluso insana y, en mi caso, añado que ofensiva.
Trataré de ser claro. Cierto es que expreso mi rechazo –no es la primera vez ni será la última que lo haga- hacia la influencia en ocasiones perniciosa que el poder político ejerce sobre los medios de comunicación. Esta diatriba se remonta a los orígenes de la propia prensa escrita, como usted bien conocerá, a aquella época en la que los primeros canards y gazzetas revolucionaron la comunicación en la Edad Moderna. Lo doy por sobreentendido.
La alusión apuntaba implícitamente al reciente nombramiento al frente de la Secretaría de Estado de Comunicación del director de un periódico nacional perteneciente a un grupo de comunicación al que el Gobierno ha apoyado de forma conocida por todos (y que sustituye a una antigua redactora de otro grupo antaño afín al mismo partido), pero si no lo formulé de manera explícita era porque no pretendía cebarme ni quedarme en un caso concreto sino apuntar una tendencia ciertamente creciente de un tiempo a esta parte.
Supongo que como cualificado observador de la realidad también habrá notado esta politización de los medios a escala global. Sin embargo, usted, desde su inmaculada pureza decide dar un paso más y a través de mi artículo y de mi persona no pierde la oportunidad de arremeter contra el medio en el que trabajo, un blanco habitual de sus críticas en lo que yo calificaría de obsesión que raya lo enfermizo, y contra mí mismo. Así, encuentra usted mi postura como “perversa y nauseabunda”, ya que, opina, lo que hago es “denunciar la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio”.
Todo esto estaría muy bien e incluso me evitaría la enojosa labor de escribir estas líneas, si no fuera porque usted olvida una serie de hechos y retuerce otros a su antojo.
En primer lugar, no tiene en cuenta que yo no arremeto contra nadie en concreto y mucho menos denuncio a los demás quedándome libre de pecado. No, yo podré asumir la parte alícuota de responsabilidad que me corresponda en base al rol que desempeño en este tablero y puede incluso que en un Juicio Final imaginario presidido por Lou Grant y Murphy Brown (o por su Reme, si lo prefiere) yo fuera condenado, aunque en todo caso, por mi escasa relevancia, lamento decirle que no sería más que por alguna falta. No, ésas son las prácticas que yo me inclinaría a creer que usted ejecuta habitualmente si no supiera que es incorrupto como el brazo de Santa Teresa. Segundo, establece usted por su cuenta, y es libre para hacerlo, que el medio en el que trabajo fue “gestado desde las entrañas del poder socialista”, y que por lo tanto, insinúa, aquí no se mueve un papel sin la bula rosal. Desde luego que no pretendo erigirme en paladín de las libertades (este papel, insisto, le sienta a usted mucho mejor) pero, por ceñirme al caso que le ha servido de espoleta, las columnas que semanalmente escribo son un pequeño ejemplo de cómo se puede criticar a quien sea necesario independientemente del color político de cada cual. Tercero: demuestra usted tal conocimiento sobre las cuentas de la empresa a la que me debo que me deja pasmado. Seguro que lo hace además apoyado en datos pues no de otra forma podría saber usted que este grupo está “financiado casi exclusivamente con publicidad de las administraciones socialistas” (que por otra parte son casi todas). Oiga, no soy yo el que hace los contratos, pero creo que olvida a las cientos de empresas que en los últimos siete años, desde que se creó este grupo, han confiado en nosotros. Si realmente, éstas representasen la ínfima parte que usted le atribuye en el presupuesto, quiero pensar que muy torpes habríamos sido para no haber absorbido ya a la CNN. La afirmación resulta además doblemente afrentosa cuando cualquiera puede sintonizar, por ejemplo, nuestra televisión y sacar la cuenta de la proporción existente entre publicidad pública y privada. Aunque, sé que pido demasiado.
Pero, supongamos por un momento que usted tuviera razón, y yo fuera un fariseo además de un mercenario y un polidelincuente convicto, y mi empresa nada más que un “servicio externalizado del poder político” socialista. Pues así y todo, aún tendría que pensárselo mucho antes de poner en entredicho el trabajo o las opiniones de los demás en esta materia. No me pondré a su nivel, porque eso es demasiado bajar y los subterráneos me producen claustrofobia. Pero que usted haga gala de independencia y de profesionalidad, que se permita dar lecciones de moralidad cada vez que tiene la menor oportunidad, que desprecie el trabajo de un grupo de “compañeros” una y otra vez reduciéndolo a su carácter presuntamente instrumental (según usted para beneficio exclusivo de unas determinadas siglas), que se arrogue el papel de guardián de la prensa libre en la Axarquía, y trate de salpicar a los demás a base de insidias y desinformaciones, es estomagante. ¿Habré de decir yo quién financia su periódico o los eventos que organiza, para qué partidos ha trabajado (incluso como jefe de prensa) a cambio de qué, a qué empresas ha alabado mientras le contrataban publicidad para atacarlas extinguidos los acuerdos, o qué medios municipales ha dirigido y por qué? ¿Tendré que recordarle yo de qué “entrañas” ha salido su medio de comunicación?
Señor Záttara, sinceramente no le termino de coger el punto. No sé si es usted un hipócrita, un descarado, padece de bipolaridad o simplemente se aburre. Da igual. No me importa. Lo único que tengo claro es que mucha gente puede darme lecciones de muchas cosas, pero no precisamente usted y de ética periodística. Usted no. Ni a mí ni dudo mucho que a casi nadie. Pudiera yo tener muy poca y aún me sobraría para regalarle una poquita.
Reciba un cordial saludo.
José María Matás
Zass!!!! En toa la boca.
Ya era hora.