El teniente de alcalde de Torre del Mar, Manuel Rincón Granados, quien además de político y hombre de empresa, destaca en su también conocida faceta de artista plástico, ha decidido dejar una muestra de su creación en caracter de donación al edificio de la Tenencia que actualmente ocupa, pintando un mural de 17 metros en la pared del fondo del salón de actos del mencionado edificio público. “Rincón ha querido donar su arte al pueblo torreño”, apologiza un diario local, aclarando luego que el mural “ya quedará para siempre en la Tenencia”.
La generosidad del pintor y líder segregacionista torreño es proverbial respecto a su pintura (generosidad de la que gozamos personalmente y que le agradecemos al bueno de Manolo), pero quizás sea un tanto más cuestionable que la donación consista esta vez en un mural permanente de su creación, ya que con todo derecho podría haber solicitado también ejecutarlo cualquiera de los muchos plásticos de jerarquía que existen en la capital axárquica. Y es que no se trata de una obra de caballete que pasaría a engrosar la pinacoteca de la institución, sino de una obra de caracter permanente que presumiblemente está destinada a permanener para siempre en las paredes del salón de actos. No me cabe duda que deben ser más de uno los pintores veleños o torreños que quisieran estar allí. Y resuelto el tema de este modo, bien podría pensarse incluso que el hecho de ser Manuel Rincón la máxima autoridad institucional en la Casa Larios le ha dado ese privilegio por ejercicio de su cargo. Hay un antecedente cercano que Rincón no debiera olvidar: el conjunto escultural de su creación que instaló hace unos meses en una de las princ ipales rotondas de Torre del Mar, y que luego debió cambiar de ubicación por las protestas de muchos vecinos. Por mucho menos, hace unos años hubo quienes cargaron ferozmente sobre el ex concejal Pedro Fernández-Llébrez (también pintor), entre ellos el propio actual asesor cultural de Rincón.
Al margen de las preferencias estéticas de unos y otros, que siempre serán materia discutible, no parece una práctica aconsejable que una autoridad institucional ocupe espacios públicos con su obra personal, no mediando ningún tipo de concurso o mecanismo participativo que de opciones a los demás artistas. Es como si un poeta, bueno o malo, llegase a concejal de cultura y utilizase el presupuesto municipal para publicar sus libros. Estamos seguros que no es la intencion de Manolo, pero como decía aquel primer emperador romano, “la mujer del César no sólo tiene que ser casta, sino demostrarlo”